Seis años sin Amy

El 23 de julio de 2011, Amy Winehouse entraba a formar parte del Club de los 27. Era una noticia trágica para el mundo de la música, que veía marchar demasiado pronto a una de las voces más poderosas, a una compositora que estremeció a millones de personas con sus letras y su capacidad de transmitir emociones.

La carrera de Amy Winehouse comenzó a despegar en el 2003 con su primer álbum Frank, que conquistó a la crítica e impulsó su fama, principalmente en el Reino Unido. Unos años después llegaba su trabajo Back to black (2006), cargado de canciones brillantes que ya se han convertido en himnos y con él, también la fama internacional y el acoso creciente de la prensa. Back to black le valió a la británica 5 Grammys de los 6 a los que estaba nominada en 2006, convirtiéndola en la artista británica más premiada hasta el momento en una sola edición de los galardones más prestigiosos de la música.

Se ha especulado mucho sobre los motivos de la muerte de Amy: la incapacidad de asimilar la fama, un padre oportunista que se aprovechó de su éxito y sobre todo, una tóxica relación y posterior ruptura con Blake Fielder-Civil, con el que se casó en 2007. Un cúmulo de catástrofes emocionales de los que Amy trata de evadirse mediante el alcohol y las drogas mientras lidia con la bulimia. Esta espiral de destrucción queda reflejada en el documental ‘Amy’ estrenado en 2015 y dirigido por Asif Kapadia. El documental es muy recomendable para entender la trayectoria de la artista y ver facetas de Amy a las que no habíamos tenido acceso previamente, si bien el relato de Kapadia se posiciona claramente, repartiendo los papeles de “buenos y malos” y buscando dibujar sin fisuras los motivos del trágico final de la artista. La película acusa directamente a la voraz prensa sensacionalista británica del comienzo del declive de la artista y a su padre, Mitch, de introducirla en las drogas, incluso restando peso al papel de Blake, sobre el que suele recaer en muchas otras versiones de la prensa el papel de villano.

Podéis encontrar el documental completo en Youtube:

 

Personalmente, más allá del morbo que suscita la intimidad mostrada en la película, me quedé con la empatía que genera ver a una Amy tímida en ocasiones, divertida con sus amigos, creativa en su intimidad y muy poco consciente de su potencial y, posteriormente, dañada por una fama y un acoso mediático fuera de control. En cierta manera, antes de ver el documental, el recuerdo que tenía de Amy era el de una estrella venida a menos, ebria y agotada sobre el escenario, rindiéndose… y tras el visionado tuve una sensación intensa de tristeza y una necesidad de darle mucho más peso a la enorme artista que fue, a su inigualable capacidad de convertir su soul rasgado en una soga que te aprieta el estómago, y dejar de recordarla como “la muñeca rota” con la que nos bombardeaban los medios.

Tras su muerte, Amy se convirtió en leyenda, en un icono de masas. Pero Amy Winehouse no necesitaba morir para dejar su huella la historia de la música. La evolución del soul está marcada por sus canciones y lo estaría también, incluso más aún, de seguir con vida.

El 23 de julio de 2011 Amy hizo su fundido final a negro, demasiado pronto. Back to black.

 

Ale Castellano

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