Liberación sexual en las pioneras del blues

Las big mamas escapaban a la hegemonía romántica, púdica y heterosexual de su tiempo. 

Bessie Smith

La aparición del blues no tiene una fecha clara, aunque se sitúa aproximadamente entre 1870 y 1900, contexto en el que gran parte de la población afroamericana transitó hacia la agricultura a pequeña escala en el sur de Estados Unidos después de abolirse la esclavitud en 1863¹. En los años veinte del siglo XX, este género musical se popularizó enormemente gracias a la industria discográfica.

Pese al entorno de gran hostilidad para la población negra, y también para las mujeres, las denominadas big mamas del blues se abrieron paso en los escenarios, fueron pioneras en este género musical y llegaron a la cima del éxito. Su blues trataba el amor y los temas propios de la música popular, pero no de la forma en que indicaba la moral de la época. ¿Estaríamos ante un espacio de libertad? Según las investigadoras, la respuesta es sí.

El trabajo de Angela Davis

La propia Angela Davis trató este tema en su libro Blues legacies and black feminism. Según Davis, una de las características del primer blues hecho por mujeres era su imaginario sexual fuera de la norma.

El mandato social mainstream de principios del siglo XX ligaba cualquier expresión de deseo al amor romántico y al matrimonio, y decía a las mujeres (especialmente a las mujeres blancas) que el espacio doméstico era el lugar donde ir a buscar su felicidad. 

El blues no escapó del todo a la idea del amor romántico. Pero las vivencias de sus protagonistas eran completamente distintas y las canciones tenían otras resonancias sociales y políticas.

En ese contexto, Angela Davis identifica el hecho de expresar la propia sexualidad como un rasgo exclusivamente de la cultura afroamericana, en contraposición a la cultura norteamericana dominante. Tal y como afirma la autora, «por primera vez desde la presencia de África en América, las personas afrodescendientes tenían la oportunidad de elegir libremente sus compañerxs sexuales».

Durante el periodo de esclavitud, la música creada por afroamericanos era una música de comunidad, de un colectivo reclamando libertad. En cambio, tras la emancipación se empiezan a ver muestras de los deseos individuales de las personas. Ahí es donde aparece la propia sexualidad. En ese sentido, el blues evidencia la sexualidad como forma de libertad.

El blues se convirtió en el género por excelencia de la música negra y, junto con el góspel y la música religiosa, sirvió para crear una identidad y consciencia de la población afroamericana. El humor, la sátira y la ironía de sus letras revelan sus orígenes en la música de la esclavitud, donde se utilizaban metáforas que tapaban el sentido real (que muchas veces apelaba a la inhumanidad del sistema opresor). Para Davis, el blues articulaba la experiencia de la libertad, evidenciando que la esclavitud había terminado.

Big mamas empoderadas

Bessie Smith se ganó el nombre de la «emperatriz del blues» con 750.000 copias vendidas solo de su primer álbum. Ella y Ma Rainey fueron las artistas de blues más destacadas, y también las que expresaron más abiertamente la sexualidad en su música. Su sexualidad desacomplejada puede verse aludida en temas de Bessie Smith como «I need a little sugar in my bowl«, con frases como «I need a little hot dog on my roll«.

Ese erotismo entraba en conflicto con las pautas de conducta de las mujeres blancas de clase media —con sus maridos como proveedores y la maternidad como elemento que daba sentido a sus vidas. El contraste dio como resultado una escasez de referencias al matrimonio en el blues hecho por mujeres: sus protagonistas raramente eran esposas y casi nunca madres. En «Young woman’s blues» , Bessie Smith reivindica su deseo por vivir plenamente su juventud y por eso, afirma, «no es tiempo de casarse».

No time to marry, no time to settle down

I’m a young woman and ain’t done runnin’ round

Además de hablar de sexo, las letras de las pioneras del blues también eran desafiantes y, en cierto modo, feministas. Vemos como, en la canción «Down hearted blues« de Bessie Smith, la mujer se enfrenta a la dominación patriarcal con esta declaración: «Tengo el mundo en una jarra, el tapón está en mi mano;
lo sostendré hasta que no estés bajo mi mando».

I got the world in a jug, the stopper’s in my hand

I’m going to hold it until you didn’t come under my command

Ma Rainey también defendía la igualdad y ruptura de esterotipos de género en el tema «Barrel house blues« donde, asimismo, celebraba la apetencia por el alcohol, el jolgorio y la «buena vida» por parte de las mujeres.

Papa likes his sherry, mama likes her port

Papa likes to shimmy, mama likes to sport

Papa likes his bourbon, mama likes her gin

Papa likes his outside women, mama likes outside men

Finalmente, las letras de la época también exploran el lesbianismo, el deseo no heterosexual y las identidades no normativas. Por ejemplo, el tema Prove it on me de Ma Rainey trata, en primera persona, de una mujer de género disidente y que no está interesada en los hombres, dentro de una sociedad profundamente homófoba.

Went out last night with a crowd of my friends,

They must’ve been women, ‘cause I don’t like no men.

It’s true I wear a collar and a tie,

Makes the wind blow all the while

Don’t you say I do it, ain’t nobody caught me

You sure got to prove it on me.

La investigadora Sandra Lieb, autora de Mother of the blues: A study of Ma Rainey describe esta canción como una «poderosa declaración de desafío lésbico y autoestima» y la considera precursora del movimiento cultural lésbico de los años setenta.

Referencias

Angela Davis. Blues legacies and black feminism. 1988.

Daphne Duval. Black pearls: Blues queens of the ’20s. 1988.

Derrick Stewart-Baxter: Ma Rainey and the classic blues singers. 1970.

Sandra Lieb. Mother of the blues: A study of Ma Rainey. 

¹Pese a la abolición formal de la esclavitud, el sistema de opresión y racismo hacia la población afrodescendiente no cesó y se perpetuó a través de distintos instrumentos reguladores, comunicativos y políticos. Si te interesa profundizar en este tema, te recomiendo el documental Enmienda XIII (13th).

Laura Valls

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